Eran los tres primeros días de la creación divina en la Tierra y Dios procede a cubrir la superficie de la tierra. En Génesis 1:11 se lee lo siguiente: "Despues dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto...Y fue así".
El propósito fundamental de la presencia de las hierbas era que den SEMILLAS para seguir CONSERVANDO la especie creada.
El propósito fundamental de la presencia de los árboles era que den FRUTOS para seguir PRESERVANDO los árboles creados. Y FUE ASÍ.
En forma analógica, cuando Dios llama a un docente al ministerio de la enseñanza redentora es para que siga, no sólo enseñando, sino que además de enseñar, investigue, produzca, publique y difunda nuevos conocimientos. Debe convertirse en un árbol con frutos. Es parte de la naturaleza de la docencia.
Estos frutos que se desarrollan a partir del uso de las inteligencias que Dios nos ha dado, nos ofrece dos ventajas:
1. El desarrollo personal de nuestros talentos.
2. El desarrollo de nuestros alumnos que son inspirados a seguir el camino de la investigación.
3. El desarrollo de nuestra institución que con la producción y difusión da cumplimiento a su misión.
Hasta aquí podríamos decir que un buen docente produce buenos frutos al ofrecer una enseñanza renovada y, actualizada y publicaciones diversas. Sin embargo, Dios le pide que produzca frutos para esta vida y la eternidad,mediante la acción formativa y transformativa del alumno.
Son frutos que se espera de un docente cristiano:
Frutos de la docencia: enseñanza renovada y actualizada, métodos modernos de enseñanza, etc.
Frutos de las investigaciones: publicaciones, revistas, artículos, etc.
Frutos de la proyección y acción social: alumnos y/o comunidades que tienen la oportunidad de conocer a Dios.
Un docente es un hermoso árbol con preciosos frutos que le ayudan a cumplir la misión que se le ha encomendado.
